MAYA
Maya llegó a nuestras vidas de casualidad con 4 meses.
En cuanto la vi me quedé “enamorada” de lo bonita que era, tan blanca, con aquel pelo tan suave y largo, unas orejas tiesas y pequeñas, aquellos ojillos vivaces, curiosos e inteligentes... increíblemente guapa, un peluche, una preciosidad.
Ella nos miraba un poco asustada y a la vez curiosa escondiéndose en una esquina del comedor. Mis hijos, locos de alegría, el peque tenía entonces 5 añitos y el mayor 11, estaban encantados con ella e intentaban convencernos a su padre y a mí para que nos la quedáramos nosotros. No paraban de tocarla y de querer cogerla en brazos, estaban eufóricos, locos de alegría riendo sin parar, la pobre Maya debió de sentir un poco de pánico ante tantas muestras de cariño, pero en cuestión de minutos se dio cuenta de que no éramos "peligrosos" y, empezó a investigarnos a nosotros y a la casa olisqueando todo cuanto encontraba a su alrededor.
Cuando mis padres se la llevaron al campo donde vivían y que era su destino final, en mi casa fue un pequeño drama, como y cuánto la añoramos… pero ella nos sigue dando muchas alegrías y amor y, aunque no vive con nosotros, la queremos igual que si compartiera nuestra vida.
Hemos pasado con ella aquel momento tan amargo en el que se puso enferma a causa de la “leishmaniosis” o enfermedad del mosquito, todos los perros de la urbanización murieron, sólo ella se salvó gracias a los cuidados de mi madre que no escatimó esfuerzos de ningún tipo para curarla.
Mi niña (así le llamo yo) es una perrita linda y limpia, buena y cariñosa, delicada y dulce, a la que adoramos toda la familia.
Hoy Maya esa hermosa y alegre perrita que tanto queremos está hospitalizada, le ha salido un bulto en una mama trasera que le han extirpado hoy mismo y tanto mis padres, como mi hermano y todos nosotros no paramos de pensar en ella, ¡cuanto la queremos!



